Vagando por calles amplias
de judíos embelesos
iba Fernando Palacios
armando líos a sus anchas.
De pronto la cruel calaca
indignada por sus fachas
peló los dietes brillosos
olorosos a vil cloaca.
Al hallar al pobre flaco
distraído como estaba
lo cogió de los cabellos
y lo sirvió en puros tacos.
A partir de aquel entonces
a Fernando lo recuerdan
los mariachis en su santo
y los coros con sus voces.
Mauricio Leyva

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